domingo, 19 de noviembre de 2017

LA CAÍDA DE CEBRIAN Y LA CRISIS DEL PPSOE


17Nov 2017




Tras la junta extraordinaria de accionistas del Grupo Prisa se inicia la irresistible caída de quien como Juan Luis Cebrián ha sido el hilo conductor mediático del entramado PPSOE.  Tan pésimo gestor como buen periodista, no supo contener su ira ante su cese descalificando a su principal accionista, Amber Capital, como titular de un fondo buitre por haber duramente criticado su gestión empresarial. Pese a que intenta como gato panza arriba mantenerse de alguna forma en la cúpula, su futuro parece marcado por la unanimidad con la que se ha votado su relevo y, sobre todo, por el abandono obligado del apoyo del PP y del PSOE.  No es hoy el mejor momento para cesarle, la crisis del Régimen del 78 se agudiza, ni tampoco aparece un sustituto, pero mantenerle hubiera impedido la ampliación de capital por parte de la Caixa, Santander y Telefónica.
Ciertamente, el PP y el PSOE necesitaban su continuidad, tanto como al IBEX-35 le era fundamental sustituirle. Divergencia de intereses que Cebrián ha intentado instrumentalizar sin conseguirlo.  La Moncloa ya no podía echarle una mano que le salvara del firme cerco al que le sometía el accionariado. En esta ocasión no ha encontrado el apoyo de Soraya Saenz de Santamaría, ni el de Alfredo Pérez Rubalcaba, más allá de, eso sí, de que su salida ha sido bien engrasada: seis millones de euros más, otros cinco por la ampliación de capital. De ahí que unos y otros, desde Génova y Ferraz, hayan concentrado sus esfuerzos más en buscarle un sustituto afín, que en su defensa imposible. Porque el balance político de su presidencia ha sido tan sumamente rentable para el PPSOE como muy perjudicial el balance económico para PRISA.
El valor de Bolsa del grupo ha pasado, durante la nefasta gestión de Cebrián, de unos 3000  a unos 250 euros. Sus acciones se han hundido en un 80%. Quien actuó como fiscal de su incompetencia empresarial, Joseph Oughourlian,  que habló en nombre del principal grupo inversor ( Amber Capital ), le descalificó como gestor en una intervención de once minutos en que puso de vuelta y media al hasta ayer presidente de Prisa. Sus palabras, así como las del representante de intereses mexicanos, fueron demoledoras, en claro contraste con el cortés silencio de Telefónica, La Caixa y el Santander que evitaron, probablemente, hurgar en la herida de Cebrián, en atención a los muchos servicios prestados al PP y al PSOE. Mientras los primeros se atenían estrictamente a la cuenta de resultados, los segundos no olvidaban la crisis de su hegemonía política.
Esta contradicción, entre los intereses económicos y políticos que ha hundido a Prisa, es igualmente irresoluble para el sucesor que el PPSOE designe para dirigir el buque insigne del bipartidismo decadente. El País y la Ser , bajo la dirección de Cebrián, han abandonado a sus lectores y oyentes habituales de centro izquierda para dirigirse a los de derecha. De hecho, ambos medios compiten hoy con ABC y Onda Cero. En consecuencia, han perdido un mercado mayoritario progresista que no puede ser compensado con uno minoritario conservador. Prisa, al convertirlos en diario y emisora gubernamentales, se ve hoy condenada a pedir sucesivas ampliaciones de capital tan indispensables como infructuosas. Nunca se puede hacer buen periodismo– nadie mejor que Cebrián lo sabe– si no se cuenta a la gente lo que le sucede a la gente. No lo que interesa al Ibex-35 y sus dos brazos políticos.
Desde luego, no será la fundación que pretende crear Cebrián, si PP y PSOE logran convencer a los accionistas, la que pueda encontrar la salida de este laberinto. Puede ser una buena salida para él mismo, pero nunca para la grave crisis que padece Prisa. El  grave problema para el PPSOE es tanto objetivo como subjetivo. Necesitan mantener al grupo como correa de transmisión bipartidista  a la vez que necesitan encontrar un buen profesional como Cebrián sin los vicios de Cebrián. No es fácil hallar un curriculum PPSOE tan bien acreditado como el del cesado presidente. Ser mano derecha de Soraya Santamaría, tras haber sido la mano derecha de González y Suárez, es una tarea de auténtico profesional del poder formado a lo largo de varias décadas. La caída de Cebrián es la metáfora de la crisis del PPSOE.
En esa misma proporción , en tanto que son las dos fuerzas claves del sistema, es también la crisis del Régimen del 78. Ninguno de los  sucesores políticos, tanto en el estado como en los partidos, han mejorado sino han empeorado  bastante la situación del Estado, del PP y del PSOE. Felipe VI no es Juan Carlos I, Rajoy no es más que un Fraga provinciano y Sánchez una mera caricatura de González. Será también así en Prisa. Es un signo revelador de la muy grave crisis, como la que tan solo estamos empezando a padecer en España y de la total irrelevancia de los políticos, como si el sistema fuera ya absolutamente incapaz de  poder cribar la mediocridad institucional, política, económica y mediática existente. Cuanto más necesitaban el PP y el PSOE a Cebrián en Prisa, más le ven hacer mutis obligado por el foro sin poder salvarle de los buitres que le devoran después de haberle amamantado.

TA TA TA TAAAA...!

Ta, ta, ta, taaa ... !  o Margarita Clavelín, Dra.
por Carlos Á. Trevisi (2000)

Si el archiduque Rodolfo, el príncipe Lobkowitz y el conde Kinsky hubieran conocido a la doctora Clavelín, con seguridad la habrían condenado a la hoguera.
Simpleza de mujer Margarita, no obstante haber accedido a un doctorado en química. Menuda, enjuta, su ojo había adquirido la redondez de la lente del microscopio: tal era su afán científico.
Ajena por completo a la intrascendencia  de lo cotidiano,  una vieja radio portátil, siempre sintonizada en radio Clásica, la conectaba con el mundo desde una pila de libros a la izquierda de su escritorio.
Probetas, cánulas,  pipetas y tubos; Dalton, Lavoisier, Ritchert y Bertholet despertaban sus intereses con exclusividad. Cuando dejaba de mirar por el microscopio,  trasladaba al papel cadenas de carbonos y oxígenos que adoptaban, en su disposición, las formas más variadas: desde multípodas arañas hasta poderosas grúas o locomotoras.
Así, entre fórmulas y microscopio, pasaban sus días, sus meses, sus años...

Ta, ta, ta,  taaaa ...! oyó un día Margarita por la radio.
Le trajo malos recuerdos;  infancia de niña fea, una casa suburbana y su tío,  un sabelotodo insoportable con quién había tenido que ir a vivir a la muerte de sus padres con apenas doce años de edad. La poca atención que le prestaba su nueva familia se disimulaba con un discurso moral al que no le faltaba un acopio de información libresca y permanentes consejos para que supiera defenderse en la vida.

El tío le había regalado la Quinta Sinfonía al cumplir quince años.
No soportó el recuerdo de verse sentada frente al tocadiscos escuchando reiteradamente aquel disco de 45 rpm que, a falta de otro, se repetía y repetía.
Intentó liberarse poniendo otra emisora. Sus dedos iban veloces por el sintonizador de la  radio: Splendid, Continental, Nacional, el Mundo, Clásica...  Pero era inútil. "Ta, ta , ta, taaaa...!" se reiteraba en cada emisora.

Se puso de pie. Insistió; nada.
"Ta, ta, ta, taaa ...!. Ta, ta, ta, taaa ...!"
Su rostro se había demudado.
Levantó la radio con ambas manos por encima de su cabeza y la estrelló con fuerza contra el piso.
Dejó de funcionar.
Se sentó nuevamente; corrió el microscopio con el antebrazo derecho. Estaba a punto de reclinarse sobre la mesa cuando  la portátil comenzó a transmitir   "Sur". 
Como en el tango, su después era ignoto.  No tenía después... No había después. Desde la muerte de sus padres nunca más había habido un después; todo era un presente permanente, sin mañana. Lloró amargamente.

***

Poco quedaba de la compañía química al llegar los bomberos.
El informe policial consignó que  lo único que había sobrevivido al fuego eran cuatro mil florines en relucientes monedas de oro encontradas dentro  de una radio portátil marca Spica, insólitamente  "en perfectas condiciones de uso pese a haber sido hallada en el lugar donde, con toda certeza, se había iniciado el fuego intencional que terminó con el edificio".

Cuando el juez interviniente citó al tío sábelotodo a prestar declaración testimonial en la causa caratulada "Clavelín, Margarita, su suicidio", tomó conocimiento de que cuatro mil florines  era exactamente la cantidad que el archiduque Rodolfo, el príncipe Lobkowitz y el conde Kinsky  pasaban anualmente a Beethoven para que permaneciera en Viena componiendo.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

UNO DE CADA 4 JÓVENES CONSIDERA NORMAL LA VIOLENCIA MACHISTA




UUno de cada cuatro jóvenes considera normal la violencia machista

  • Agencia Atlas
  • 1m 14s
  • 250
Rosa María tenía 20 años y toda la vida por delante. Murió acuchillada por el que fue su pareja durante meses. Se convirtió así en una de las diez menores de 30 años víctimas de la violencia machista de este año. Violencia que uno de cada cuatro jóvenes españoles ve normal dentro de la pareja. Para muchos de ellos es un tema que se ha politizado. Que se exagera. Uno de cada cinco lo piensa. Reducen la violencia de género a la agresión explícitamente violenta. Pero el control y los celos no los consideran como tal a no ser que se les pregunte directamente. Que es un problema social muy grave lo saben muchos. De ellos, el 30 por ciento culpa a la inmigración. Y, lo que es peor, el siete por ciento cree que es inevitable. -Redacción-

http://www.publico.es/publico-tv/video/641593/uno-de-cada-cuatro-jovenes-considera-normal-la-violencia-machista?src=vdm


lunes, 13 de noviembre de 2017

EL PETRÓLEO BARATO TOCA A SU FIN



DIEGO HERRANZ

El objetivo es situar el precio del barril de crudo por encima de los 70 dólares en las postrimerías de este año. Órdenes de Riad. Que es como decir el mariscal de la OPEP. De hecho, su cotización, ya desde hace mes y medio oscila por encima de la psicológica barrera de los 50 dólares. Para los tiempos que corren. Porque en la historia reciente, esa frontera se estableció, primero en los 100 dólares, tan sólo un par de ejercicios después de la crisis de las punto-com, a mediados de la década pasada y, con posterioridad, en plena crisis financiera, en el tránsito hacia el decenio actual, en los 150 dólares. Cota que llegó a superar holgadamente; incluso con las potencias industrializadas en depresión económica grave.
Pero, ahora, lo que estaba en juego es la propia supervivencia de la OPEP, cuyo gran objetivo es mantener la cotización en una horquilla adecuada a los intereses del cartel energético, que es casi sinónimo de decir, al dictado de Arabia Saudí, principal productor mundial. Y Riad ha puesto la profética cifra de los 70 dólares por barril encima de la mesa para el inicio de 2018. Un desafío que parece cercano, a juzgar por los contratos de futuro que se cierran, a dos meses vista, en el mercado energético estas semanas.
La empresa no es baladí. Después de un bienio con un valor de mercado próximo a 35 dólares, las arcas de sus socios se han visto más que mermadas. A lo que hay que unir un elenco notable de tensiones geoestratégicas globales, como el conflicto nuclear de Corea de Norte, regionales, del mismo tenor, con Irán, o específicos, como los cambios en el establishment saudí para tratar de consolidar el poder y liderazgo de Mohamed bin Salman, conocido como MBS en los círculos diplomáticos occidentales. 

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LA ESPAÑA DE RAJOY : UN BILLÓN DE EUROS DE DEUDA PÚBLICA



sábado, 11 de noviembre de 2017

LOS DEBERES Y DEMÁS: UNA OPINIÓN CERTERA

No entiendo que en este foro en el que lo que pretendemos es estudiar estrategias para evitar las tareas extra de las niñas y niños en casa (al menos las tareas repetitivas habituales que vienen llamándose "deberes") estemos, aunque no explícitamente, sí de manera implícita, dando el visto bueno a un sistema evaluatorio absolutamente absurdo y obsoleto como el de los "exámenes". No entra en mi ánimo, por supuesto, censurar las opiniones e inquietudes de nadie, pero sí hacer públicas y manifiestas los dos supuestos que paso a redactar a continuación, y la conclusión que de ellos pienso que se hace patente:
En primer lugar quiero dejar claro que los exámenes son un sistema absolutamente antipedagógico de evaluación del aprendizaje. Pueden tener sentido en un proceso selectivo, pero nunca en procesos de aprendizaje reales, es decir: constructivos, participativos, significativos, evolutivos y eficientes. Por lo tanto la lucha ha de encaminarse a su eliminación y no a su certificación por parte de las familias.
En segundo lugar: el examen o control del aprendizaje por escrito propuesto de manera unilateral por un mal llamado "profesor" o "maestro", es un ejercicio que trata de resolver el alumnado poniendo en ello cada cual el esfuerzo del que es capaz en cada momento y de su puño y letra, como así se ratifica al figurar la autoría en el encabezado del ejercicio. Por lo tanto es inexplicable que se plantee discusión alguna sobre la propiedad intelectual de dichos ejercicios: pertenecen, sin discusión posible a aquellos quienes los han escrito, "id est", a sus autores: niñas y niños que, en caso de no tener derecho a contrastar su ejercicio una vez realizado y supuestamente corregido, lo que han de hacer es no identificar los mismos hasta que puedan ejercer el citado derecho, derecho, por otra parte, plenamente constitucional y democrático. ¿No se nos hinchan tanto los carrillos a los educadores al hablar de las excelencias de la educación para la democracia? ¿Y a qué esperamos para ponerla de verdad en práctica?
En definitiva y una vez más, de lo que se trata es de luchar hasta la extenuación para que las niñas y los niños empiecen a ser considerados ciudadanos de derecho, de primera y no de segunda o tercera, y que puedan contar con cauces para la participación en todos los ámbitos de nuestra sociedad, y por encima de todos en la escuela, de la que son alma, arte y única parte, pues sin ellos dicha institución deja de exisitir, como de hecho dejaría de exisitir la especie.

CHICOS POBRES EN ESPAÑA

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viernes, 10 de noviembre de 2017

EL SUEÑO NACIONAL POPULISTA Y LA REALIDAD SOCIAL CATALANA

La realidad social catalana 

José Andrés Torres Mora

Profesor titular de Sociologia en la Universidad Complutense y diputado socialista por Málaga en el Congreso
Del mismo modo que el nacionalismo español no consiguió, con cuarenta años de prohibición del catalán en las aulas, que desapareciera la identidad catalana de Cataluña, tampoco, como temían algunos, la educación de todos los niños en catalán ha conseguido que el castellano deje de ser la lengua más hablada en el recreo. Y mucho menos que desaparezca el sentimiento de identidad y pertenencia a España de una parte muy importante de la sociedad catalana.
Entre las cosas que los populistas y los nacionalistas tienen en común está el hablar en nombre de un sujeto, el pueblo o la nación, que nunca ha visto nadie. Por cierto, no son ni los primeros, ni los únicos, que han descubierto las ventajas de hablar en nombre de alguien que nunca va a aparecer para desmentirlos. De modo que, como dijo mi maestro Julio Carabaña -refiriéndose a algunos colegas teóricos de la educación-, podrán decir que saben lo que quiere el pueblo catalán, pero no podrán decir que lo saben científicamente.
 El Centre d’ Estudis d’ Opinió (CEO), que depende del gobierno de la Generalitat de Catalunya publica cuatrimestralmente un barómetro de opinión pública a partir de una encuesta, a mil quinientas personas, estadísticamente representativa de la sociedad catalana. Se trata de un estudio al que se puede acceder libremente, y cuyos datos pueden ser analizados por cualquiera que tenga el interés y la curiosidad de hacerlo, como ocurre también con los del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
El último barómetro publicado por el CEO corresponde a una encuesta realizada entre los últimos días de junio y primeros de julio del presente año. Lo primero que se observa al estudiar las respuestas a la pregunta ¿qué debería ser Cataluña?, es que un 5% de las personas entrevistadas dicen que una región de España, un 31% una comunidad autónoma de España, un 22% un Estado dentro de una España Federal, y un 35% un Estado independiente, el 8% restante o no saben o no contestan. Es decir, que frente al 35% que ve la independencia de Cataluña como lo más deseable, hay un 58% que preferiría algún tipo de solución que mantuviera la unidad con el resto de España.
 ¿Es este un resultado raro? Lo sería si nos atuviéramos a lo que nos dicen los dirigentes independentistas, pero no lo es si tenemos en cuenta los sentimientos de pertenencia nacional que declaran los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña. Un 23% de esas personas entrevistadas en la encuesta de junio se sienten solo catalanas, un 22% se sienten más catalanas que españolas, un 39% se sienten tan catalanas como españolas, un 5% se sienten más españolas que catalanas y un 7%, de las mil quinientas personas que fueron entrevistadas, se sienten solo españolas.
 Una cosa es lo que dicen los nacionalistas que quiere la nación o el pueblo de Cataluña, pero para la gran mayoría de las personas de carne y hueso a las que podemos preguntar su opinión, lo español y lo catalán andan bastante unidos. Y no parece que sea fácil separarlos. Si ahora un 39% de las personas entrevistadas manifiesta que se sienten tan catalanas como españolas, podemos encontrar que, hace diez años, en octubre de 2007, pensaban lo mismo el 39,5%, y si viajamos más atrás en el tiempo, y miramos, en esta ocasión los datos del CIS, pues los del CEO no llegan tan atrás, en 1992, el año de las Olimpiadas de Barcelona, el porcentaje de personas que se sentían tan catalanas como españolas era del 35%. Desde que tenemos registros de esa la pregunta por la identidad, de todas las opciones que se les ofrecen a los entrevistados, la del sentimiento inclusivo de identidad catalana y española ha sido siempre la más numerosa. Si en la serie del CIS de las cinco opciones de identidad nacional le diéramos un 1 a solamente español y un 5 a solamente catalán, en abril de 1984 la media sería de 3,2 y todavía en diciembre de 2010 era del 3,3, solo a partir de 2012 se produjo una subida hasta 3,6, en septiembre de 2015. Es obvio que, a pesar de los pesares, los sentimientos de pertenencia no cambian fácilmente.
 La sociedad catalana, con su identidad nacional compuesta e inclusiva, ha sabido convivir unida, pacífica y libre durante los últimos cuarenta años de democracia. Es más, el deseo de que, con diferentes sentimientos de identidad nacional, la sociedad catalana se constituyera en un solo pueblo fue determinante para que los socialistas, por ejemplo, apoyaran que todos los niños se educaran en catalán. Algunos temieron, o desearon, que esa medida “desespañolizara” a los niños catalanes, lo que llevó, por ejemplo, al ministro Wert a decir que había que “españolizarlos”.
 Otra vez, los datos de la realidad desmienten los prejuicios de la ideología. En la encuesta del CEO que comentamos, cuando se les pregunta a las personas entrevistadas cuál consideran su lengua propia, las personas mayores de 65 años responden en un 48% que el castellano, y los más jóvenes, que son quienes tienen edades comprendidas entre 18 y 24 años, responden en un 47% también que el castellano. Una diferencia de un punto en una muestra de mil quinientas personas está por debajo del margen de error, por tanto debemos concluir que quienes se han educado en la inmersión lingüística en catalán y quienes tuvieron prohibido el catalán en la escuela, no han variado sus hábitos lingüísticos, para desesperación de los señores Wert y Tardà, por poner un ejemplo. Lo que sí parece haber crecido es el porcentaje de quienes dicen que ambas lenguas por igual, del 5 al 10% en los dos grupos de edad extremos.
 Del mismo modo que el nacionalismo español no consiguió, con cuarenta años de prohibición del catalán en las aulas, que desapareciera la identidad catalana de Cataluña, tampoco, como temían algunos, la educación de todos los niños en catalán ha conseguido que el castellano deje de ser la lengua más hablada en el recreo. Y mucho menos que desaparezca el sentimiento de identidad y pertenencia a España de una parte muy importante de la sociedad catalana. De hecho, en la encuesta que estamos comentando, cuando se les pregunta a las personas entrevistadas por su deseo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente no hay diferencias estadísticamente significativas por grupos de edad, siendo mayoritaria, del 55% contra el 45%, la opción contraria a que Cataluña sea un Estado independiente.
 El nacionalismo se sustenta sobre la creencia de que Dios, la Historia o la Naturaleza crearon las naciones y les otorgaron una parcela del ancho mundo para que ejercieran su soberanía sobre ella. Los nacionalistas suelen construir sus naciones con determinadas características étnicas preexistentes en sus sociedades, los ancestros comunes y la lengua son, quizá, las más destacadas. Desde el principio, los nacionalistas siempre encontraron que la realidad de sus sociedades era más diversa y plural que la idea de nación que ellos se habían forjado, lo que les llevó a hacer algunas barbaridades para adecuar la realidad social a su fantasía, o para adueñarse de territorios en los que Dios, la Historia o la Naturaleza no fueron muy claros a la hora de atribuirlos a una nación determinada. Durante los siglos XVIII, XIX y XX, los nacionalistas hicieron un sujeto nuevo con materiales muy antiguos, y tuvieron bastante éxito, pero el sujeto se les fue de las manos, dos Guerras Mundiales, entre otras muchas atrocidades, lo atestiguan. Después de 1945 parecía que habíamos aprendido, pero estamos viendo un proceso de renacionalización de los discursos y las políticas en muchos lugares del mundo.
 Es verdad que hay una parte de la sociedad catalana que habla catalán como primera lengua y tiene a alguno de sus abuelos nacidos en Cataluña y que mayoritariamente quiere la independencia, según la encuesta del CEO, son el 34% de la población total en Cataluña. También es cierto que hay otra parte de la sociedad catalana, el 36%, que no tiene ningún abuelo nacido en Cataluña y que habla en castellano como primera lengua, y que mayoritariamente no quiere la independencia. Con cada uno de esos grupos se pueden construir dos naciones homogéneas, como le gustan a los nacionalistas de uno y otro bando, pero a costa de mucho sufrimiento, en la que una nación tendrá que asimilar cultural y políticamente a la otra, o expulsarla, física o políticamente, del territorio para satisfacer el sueño castrante del nacionalismo.
 Hasta hace muy poco los nacionalistas han realizado esas operaciones mediante la violencia a diferente escala. Sin duda resolver un asunto como este con una votación es un avance sobre los métodos del pasado, pero no deja de ser lo mismo, es decir, resolver la cuestión nacional en un determinado territorio mediante la confrontación, solo que en lugar de en el campo de batalla, se hace en las urnas. Votar en un referéndum de secesión, en el caso de Cataluña, supone un grave retroceso sobre el estatus quo existente, aunque sea un referéndum acordado.
 Un referéndum en Cataluña ni siquiera supondría un juego de suma cero, en el que unos ganan todo y otros pierden todo. Eso sería así si se decidiera entre la situación existente durante el franquismo y la independencia, pero no es el caso, ni por asomo. En la situación actual de Cataluña se satisface, aunque de manera incompleta, los deseos de las dos comunidades nacionales en presencia, quienes se sienten exclusivamente catalanes tienen un amplio nivel de autogobierno, y quienes se sienten tanto catalanes como españoles, permanecen ligados políticamente a los españoles que viven en el resto de España. En una hipotética victoria del no, los nacionalistas catalanes conservarían su autogobierno, en una hipotética victoria del sí a la independencia, los españoles verían aparecer una frontera política entre ellos y el resto de sus compatriotas, en términos nacionalistas, los españoles, después de muchos cientos de años serían, por primera vez, una nación dividida en dos Estados.
 Pensar que, porque se haga en las urnas, una confrontación de dos comunidades que han convivido pacífica y prósperamente, durante siglos en la historia, y durante los años de las vidas vividas de sus miembros actuales, es la forma de resolver sus supuestos problemas de convivencia, es un enorme error. La solución no es acordar un referéndum, sino refrendar un acuerdo, un acuerdo que no puede hacerse bajo el chantaje de la escisión, como tampoco podría hacerse bajo la amenaza de la asimilación. Salvo que, desde hace cuarenta años la amenaza de la asimilación del catalán por el castellano desapareció en Cataluña con el firme compromiso constitucional de todos los españoles. Unos españoles que, además, como se ve en las encuestas, asumieron en Cataluña una identidad compuesta e inclusiva, es decir, asumieron como algo lógico que lo catalán es una forma de lo español, no de lo castellano, como tergiversan los independentistas. Ese compromiso constitucional lo adquirió la sociedad catalana apoyando, más que ninguna otra en España, la Constitución de 1978. Y no sólo lo refrendó entonces, sino que lo ha mantenido vivo en las treinta y ocho ocasiones que en estos cuarenta años ha acudido a las urnas. Los independentistas no pueden saltarse las leyes, los compromisos, que también ellos se dieron junto con todos los españoles, no ya para irse de España, en expresión errónea de unos y otros, porque los independentistas no se van a ninguna parte, sino para expulsar de Cataluña a una parte de la Cataluña plural, que es donde acaba su proyecto. No pueden saltarse las leyes, ni para expulsar a las instituciones que unen a los catalanes al resto de los españoles, ni para expulsar a la cultura catalana que habla también en castellano, ni, en última instancia, para expulsar, física o políticamente, a las personas que se sientan españolas además de catalanas, ni tampoco pueden saltarse las leyes para, unilateral e ilegalmente, declararnos extranjeros en Cataluña a quienes durante siglos no lo hemos sido.
 Siempre que los seres humanos cometemos los mismos errores del pasado decimos que esta vez no será igual, pero, al final, es igual. Dividir políticamente a una sociedad en la que conviven sin problemas personas con culturas e identidades diversas, utilizando como elemento separador precisamente su riqueza cultural e identitaria, suele acabar muy mal, y nadie tiene derecho a probar suerte por si esta vez no pasa. Los ciudadanos y ciudadanas del presente no deberíamos dejarnos arrastrar, como ya ocurrió lamentablemente en la Europa del siglo XX, por quienes ahora mismo están empeñados en despertar en nuestro país a un monstruo que ya conocemos, un monstruo que bebe sangre, a hectólitros.
 Este artículo ha sido publicado en Infolibre.es y se reproduce aquí con autorización del autor.