domingo, 17 de septiembre de 2017

ACERCA DE LOS DERECHOS QUE NOS ASISTEN

Carlos A. Trevisi

El artículo es de 1990 y se refiere a las circunstancias que aplastaban desde hacía ya mucho tiempo a la Argentina. Han pasado 25 años y, ya en España, verifico a diario que se podrían aplicar a  este país. Cambiemos Argentina por España; 


Acerca de los derechos que nos asisten a los argentinos /a los españoles
La vigencia de un derecho está íntimamente ligada  a la posibilidad de  su ejercicio. Un derecho que no se puede ejercer deja de ser tal. Las circunstancias que encierran el ejercicio de un derecho pesan más que el derecho mismo. Pretender que a un marginal/ a los desocupados les asiste el derecho de tener un teléfono/ qué darle de comer a sus hijos es una ironía cuando no una burla. ¿ A quién puede llamar un pobre tipo que vive en un asentamiento /en la pobreza ¿ al médico, a la policía,  a la suegra para que le cuide a los chicos mientras el matrimonio va  al teatro / a trabajar -si  tiene trabajo- por un mísereo sueldo  ?
Tales derechos son puramente declamatorios y, en consecuencia, la posibilidad de su ejercicio sólo puede ocurrírsele a los idiotas útiles que habitan criptas intelectualosas donde se descarna al hombre para poder seguir viviendo al margen de la realidad, o a los políticos, que instalan el teléfono a cambio de votos.
El "pobre-tipo-también-tiene-derecho" que aprendió que los tiene , aunque no sepa cuáles, va a aceptar el teléfono que le acaban de instalar en la "cabecera del asfalto", entre otras cosas  porque se hace con todo lo que le viene de arriba (aunque no le sirva para nada); al mismo tiempo, como no es imbécil, por un mecanismo especulativo al que nadie es ajeno -"ya que están dando, voy a pedir"-  a los dos días corta la ruta con una barricada de cubiertas en llamas para pedir un puente   para que los autos no le aplasten al pibe cuando la cruza para ir al colegio. La complacencia que nos animaba respecto del "pobre-tipo...", repentinamente se torna en  brutal desprecio y el infeliz  pasa a ser un "negro-hijodeputa-que-no-se-conformanN-con-nada", con el que hay que acabar porque "no respeta los derechos de los demás"... y, vaya preso o no,  ya está condenado.
Un escalón más arriba, el "pobre-tipo-también-se-compró-un-autito", que sabe de su derecho a disfrutarlo pero que no puede asumir las obligaciones que conlleva su tenencia, se lleva por delante una vieja y se transforma en un "negro-hijodeputa-no-se-para-qué-quiereN-auto", que va preso (o no), igual que el otro, porque circulaba sin seguro, sin registro, sin luces y sin frenos. 
Los  derechos que nos asisten como seres humanos, su legitimidad y  discurso quedan reservados a lo social o a lo puramente antropológico; desde  el punto de vista del hombre concreto,  los factores de poder económico en connivencia con los políticos   resuelven, en nombre de los "sagrados intereses de la patria", solapadamente, con maniobras que escapan enteramente al control de la gente, qué derechos sí y para quién, y qué derechos no. Refuerzan el esquema los que se masturban teorizando -los de la cripta- que en nombre de todos los infelices que somos, claman al cielo por nuestros derechos, haciéndolos llover sobre la gente desde la cátedra o desde publicaciones "progre".
Así, declamando el derecho a una educación para todos, los políticos reglamentan su gratuidad,  los masturbetas la apoyan (con reservas, por supuesto) y  los dueños del poder se mueren  de risa porque saben que la escuela pública no sirve para nada y está en sus proyectos dejar que la maten los mismos maestros. Mientras tanto, los padres pierden sus empleos, no pueden mantener a la  familia , los chicos salen a la calle a abrir las puertas de los taxis en la estación  Constitución  y la deserción escolar en los grandes centros urbanos llega al cincuenta por ciento /es escandalosa; eso sí, el derecho existe.
Así, también  nos hacen votar  -por aquello del derecho que asiste al pueblo de elegir a sus autoridades, la Constitución y la ley en nombre de la democraciay no sé qué más- y cuando se les antoja,  con tanques o con corridas financieras, derrocan a los que nos hicieron elegir. 
Ni hablar del derecho a la justicia: en manos de los poderosos de turno, sirve a sus intereses, postergando aquellos de los ciudadanos que ven frustrados justos reclamos entre los meandros de una burocracia lenta y prepotente; denunciada por todos, la justicia no ha asumido que el ejercicio de un derecho será una ilusión  mientras no exista la obligatoriedad de su contrapartida: ¿ qué significa el "derecho al trabajo" si nadie tiene la  obligación de dar trabajo... si a nadie se puede ejecutar por no dar trabajo ? ¿ Y aquel otro de una "vivienda digna"... o el de la "ancianidad" o el de una educación que impulse actitudes de vida comunitarias? Sólo los derechos contractuales, los que las partes firman, ofrecen garantías; los otros, lo que tienen que ver con las personas...
¿Y la seguridad? En manos de gente reclutada de entre lo más bajo de la sociedad; delincuentes con uniforme...
La salud , la investigaión y la prevención de las enfermedades ha caído a límites insospechados: cólera, tuberculosis...
Planteadas así las cosas, siendo que las  circunstancias condicionan el ejercicio de los derechos que nos asisten, y no pudiéndose con la trabazón que impone una clase dirigente inmoral que se reserva para sí el manejo de todas las variables, su ejercicio es una mera ilusión.

domingo, 10 de septiembre de 2017

SOÑANDO MI NIÑEZ A LOS 74 AÑOS


Carlos A. Trevisi

Es noche cerrada 

No me puedo dormir. Acuden a mi imágenes y sonidos de la niñez. Me veo caminando por la calle Gorriti de Lomas de Zamora; la calle que, una vez cruzado el puente del ferrocarril, a tres cuadras de mi casa paterna, doblando a la derecha, desemboca en Ayacucho. 

Voy con papá y mamá. Son dos calles de mi niñez; las que me llevaban a la casa del abuelo Ricardo. Chalets estilo inglés; árboles frondosos en las aceras; jardines que lindaban con el cordón de la calle y vestían los tres o cuatro metros que separaban el frente de las casas del cerco que interrumpía la continuidad del jardín con la acera.

Me adormilo.
Ayacucho está a oscuras. Veo aparecer a la tía Monina por el medio de la calle. Va a paso ligero. Lleva un revolver en la mano, acaso el que le recomendara llevar consigo el abuelo cuando volvía tarde a casa. Pasa a mi lado sin verme. Apura el paso: se me borra su imagen.  
Aparezco  en casa del abuelo. Me veo durmiendo en la segunda cama de su habitación. Ungué está conmigo, dormido profundamente. Escucho ladridos en lontananza, ladridos que desdibuja la distancia, casi inaudibles. Me levanto y salgo a buscar a Moro, el ovejero alemán del abuelo. No está en la casa. 
Salgo a buscarlo. Hace frío. No hay nadie en la calle. Veo un cartel clavado en un poste de alumbrado que reza "PINTOR A DOMICILIO"; no puedo evitar una sonrisa. Más allá, el almacén del barrio, a oscuras, las persianas bajas.
Un farol de latón en la esquina, Ungué y yo mismo tirándole piedras con una gomera.

Sigue el silencio.

Entro en la casa. Ungué está levantado, la mirada fija; se dirige a la puerta por donde acabo de entrar. Me ve pero no me dice nada. Le digo que voy a la cama. Viene conmigo; nos acostamos. Moro nos acompaña; también la tía Ñata, la mamá de Ricardito y de María Isabel que juega con nosotros en el jardín del frente de la casa. El tío Pelusqui mira, feliz.

De pronto me veo en casa, donde me asalta Papá Grande.
En este deambular sin destino que son los sueños entro en su habitación. Está acostado en su cama de metal. Me acomodo a su lado. La foto de su madre nos acompaña desde la mesa de luz, y las lágrimas de la tía Emilia, y los pasos de los tíos que no cesan en su ir y venir por el patio trasero de la casa.
El abuelo Papá Grande yace inmóvil; reza en voz alta; habla de Treviso, donde nació, de la guerra, de su madre y de su padre que murió en prisión en Milán… La veo a la tía Emilia; se acerca a la cama, donde aún yazco con el moribundo: su mandíbula caída, la boca abierta, los ojos entrecerrados… La tía me acaricia el pelo; llora amargamente.

Me tiro de la cama y corro apresuradamente hacia la calle. Veo venir al tío César. Tiene una cinta negra, ancha, cosida alrededor de la manga izquierda de su chaqueta en señal de duelo.

Mi padre me lleva a la casa de la tía Haydee, la mamá de mi primita Mimí en Banfield.
Vamos caminando por una calle llena de árboles, los mismos que hay en la calle Ayacucho por dónde la tía Monina andaba de noche armada con un revólver por temor a los asaltantes que se abalanzaban sobre los peatones.

Tengo miedo. Papá no habla; está triste.

Me duermo nuevamente.
Sueño con el abuelo Ricardo; mis veranos junto a él en la casa de Mar del Plata; nuestras andanzas por la rambla; las cenas en casa de sus sucesivas novias, los copetines en el Jockey Club, el juego de ajedrez (una de sus pasiones) y las comidas que preparaba cuando estábamos solos en casa…

-Hoy voy a hacer fideos con manteca…

… en tal cantidad que dos días después seguíamos comiendo fideos recalentados, duros, a veces hasta quemados.
Durante la comida hacíamos planes

- Hoy vamos a ir en bicicleta a Los Troncos.
- ¿No podemos comer en Los Troncos?

- Hola Carlitos, soy la tía María Luisa. El abuelo ha tenido un accidente.
Esa noche en el velatorio mamá habla con él como si estuviera vivo.
Lloro por ambos. Mi adolescencia junto a él había llegado a su fin.

-      Escuche hijo, ya ha aprendido todo lo que necesitaba para no correr riesgos inútiles y para moverse por el mundo con soltura. Se ha acabado una etapa de su vida que va a recordar para siempre.

Me había mostrado un mundo lleno de inmundicias que no me mancharían. Y yo había aprendido cómo moverme en él.

Estoy por cumplir 74 años. Mis sueños recogen memorias que me pertenecen a mi. Es tal el cúmulo de experiencias que he recogido a lo largo de mi vida que, gracias a una infancia y adolescencia arropada por el amor de mis mayores y las exigencias que me imponían, mis sueños no me lastiman; por el contrario, es como si la alternancia entre el dolor y la alegría arrojaran como resultante la felicidad en la que vivo.S 74 AÑOS

Es noche cerrada
No me puedo dormir.

Acuden a mi imágenes y sonidos de la niñez. Me veo caminando por la calle Gorriti de Lomas de Zamora; la calle que, una vez cruzado el puente del ferrocarril, a tres cuadras de mi casa paterna, doblando a la derecha, desemboca en Ayacucho. 
Voy con papá y mamá.
Son dos calles de mi niñez; las que me llevaban a la casa del abuelo Ricardo. 
Chalets estilo inglés; árboles frondosos en las aceras; jardines que lindaban con el cordón de la calle y vestían los tres o cuatro metros que separaban el frente de las casas del cerco que interrumpía la continuidad del jardín con la acera.
Me adormilo.
Ayacucho está a oscuras. Veo aparecer a la tía Monina por el medio de la calle. Va a paso ligero. Lleva un revolver en la mano, acaso el que le recomendara llevar consigo el abuelo cuando volvía tarde a casa. Pasa a mi lado sin verme. Apura el paso: se me borra su imagen.  
Aparezco  en casa del abuelo. Me veo durmiendo en la segunda cama de su habitación. Ungué está conmigo, dormido profundamente. Escucho ladridos en lontananza, ladridos que desdibuja la distancia, casi inaudibles. Me levanto y salgo a buscar a Moro, el ovejero alemán del abuelo. No está en la casa. 
Salgo a buscarlo. Hace frío. No hay nadie en la calle. Veo un cartel clavado en un poste de alumbrado que reza "PINTOR A DOMICILIO"; no puedo evitar una sonrisa. Más allá, el almacén del barrio, a oscuras, las persianas bajas.
Un farol de latón en la esquina, Ungué y yo mismo tirándole piedras con una gomera.
Sigue el silencio.
Entro en la casa. Ungué está levantado, la mirada fija; se dirige a la puerta por donde acabo de entrar. Me ve pero no me dice nada. Le digo que voy a la cama. Viene conmigo; nos acostamos. Moro nos acompaña; también la tía Ñata, la mamá de Ricardito y de María Isabel que juega con nosotros en el jardín del frente de la casa. El tío Pelusqui mira, feliz.

De pronto me veo en casa, donde me asalta Papá Grande.
En este deambular sin destino que son los sueños entro en su habitación. Está acostado en su cama de metal. Me acomodo a su lado. La foto de su madre nos acompaña desde la mesa de luz, y las lágrimas de la tía Emilia, y los pasos de los tíos que no cesan en su ir y venir por el patio trasero de la casa.
El abuelo Papá Grande yace inmóvil; reza en voz alta; habla de Treviso, donde nació, de la guerra, de su madre y de su padre que murió en prisión en Milán… La veo a la tía Emilia; se acerca a la cama, donde aún yazco con el moribundo: su mandíbula caída, la boca abierta, los ojos entrecerrados… La tía me acaricia el pelo; llora amargamente.

Me tiro de la cama y corro apresuradamente hacia la calle. Veo venir al tío César. Tiene una cinta negra, ancha, cosida alrededor de la manga izquierda de su chaqueta en señal de duelo.

Mi padre me lleva a la casa de la tía Haydee, la mamá de mi primita Mimí en Banfield.
Vamos caminando por una calle llena de árboles, los mismos que hay en la calle Ayacucho por dónde la tía Monina andaba de noche armada con un revólver por temor a los asaltantes que se abalanzaban sobre los peatones.

Tengo miedo. Papá no habla; está triste.

Me duermo nuevamente.
Sueño con el abuelo Ricardo; mis veranos junto a él en la casa de Mar del Plata; nuestras andanzas por la rambla; las cenas en casa de sus sucesivas novias, los copetines en el Jockey Club, el juego de ajedrez (una de sus pasiones) y las comidas que preparaba cuando estábamos solos en casa…

-Hoy voy a hacer fideos con manteca…

… en tal cantidad que dos días después seguíamos comiendo fideos recalentados, duros, a veces hasta quemados.
Durante la comida hacíamos planes

- Hoy vamos a ir en bicicleta a Los Troncos.
- ¿No podemos comer en Los Troncos?

- Hola Carlitos, soy la tía María Luisa. El abuelo ha tenido un accidente.
Esa noche en el velatorio mamá habla con él como si estuviera vivo.
Lloro por ambos. Mi adolescencia junto a él había llegado a su fin.

-      Escuche hijo, ya ha aprendido todo lo que necesitaba para no correr riesgos inútiles y para moverse por el mundo con soltura. Se ha acabado una etapa de su vida que va a recordar para siempre.

Me había mostrado un mundo lleno de inmundicias que no me mancharían. Y yo había aprendido cómo moverme en él.

Estoy por cumplir 74 años. Mis sueños recogen memorias que me pertenecen a mi. Es tal el cúmulo de experiencias que he recogido a lo largo de mi vida que, gracias a una infancia y adolescencia arropada por el amor de mis mayores y las exigencias que me imponían, mis sueños no me lastiman; por el contrario, es como si la alternancia entre el dolor y la alegría arrojaran como resultante la felicidad en la que vivo.










sábado, 9 de septiembre de 2017

¿ESTÁN LOS LIBROS A PUNTO DE DESAPARECER?

Libros y bibliotecas digitales: ¿monopolio virtual?

Amy Goodman (Democracy Now!)

Se está desatando una batalla acerca del futuro de los libros en la era digital y la función que cumplirán las bibliotecas. Un caso que se encuentra en este momento ante un tribunal federal de Estados Unidos, según se ha indicado, podría otorgar prácticamente el monopolio del conocimiento humano registrado al gigante de los buscadores de Internet Google. El complejo caso concitó la oposición de cientos de personas y grupos de todo el planeta.

Google anunció en 2004 su plan de digitalizar millones de libros y ponerlos disponibles en Internet. Los libros que son de dominio público estarían disponibles en forma gratuita. Los libros más nuevos, publicados desde 1923 hasta la fecha, que aún tienen derecho de autor, también estarían en Internet, pero solamente estarían disponibles en lo que Google denominó “fragmentos”. El Gremio de Escritores y la Asociación de Editores Estadounidenses presentaron una demanda argumentando violaciones a los derechos de autor. En octubre de 2008, ambas organizaciones y Google anunciaron un acuerdo denominado “Acuerdo sobre Libros de Google” (GBS, por sus siglas en inglés). En virtud del acuerdo, Google pagaría 125 millones de dólares y crearía el Registro de Derechos de Libros, una nueva organización que le daría fondos provenientes del acuerdo y de las ganancias de ventas futuras de los libros a quienes poseen los derechos de autor. Google estaría facultado no solo a exhibir obras, sino también a convertirse en una enorme librería on-line de venta de libros electrónicos.

El acuerdo le da a Google en forma automática el permiso de escanear, exhibir y vender libros que aún tienen derecho de autor pero que se considera que “están agotados” y para los que el titular de los derechos de autor no puede ser hallado fácilmente. Estos libros son denominados “libros huérfanos”. La condición de “obras huérfanas” ha sido objeto de mucho debate, y hasta incluso se propuso establecer una legislación para poner a las obras huérfanas a disponibilidad del público.

El Acuerdo sobre Libros GBS le da a Google, y solamente a Google, el derecho legal de digitalizar y vender estos libros. 
La profesora de Derecho de la Universidad UC Berkeley, Pamela Samuelson escribió recientemente: “De ser aprobado, el acuerdo “Google Búsqueda de Libros” será el emprendimiento más importante de la industria del libro de la era moderna…[y] transformará el futuro de la industria del libro y del acceso público al patrimonio cultural de la humanidad encarnado en los libros”.

Brewster Kahle es co-fundador del Archivo de Internet, una biblioteca digital que aspira a brindar “acceso universal al conocimiento humano”. La biblioteca contiene 150.000 millones de páginas web, 200.000 películas, 400.000 grabaciones de audio y más de 1,6 millones de textos. Kahle se opone al Acuerdo sobre Libros de Google. Google escanea grandes cantidades de libros que son propiedad de las bibliotecas y le devuelve a cada biblioteca versiones digitales de sus libros solamente disponibles en un número limitado de terminales de computadoras, que proporciona el propio Google.

Le pregunté a Khale cómo ve el futuro de las bibliotecas y respondió: “Las bibliotecas como un lugar físico al cual acudir, creo que continuarán existiendo. Pero si continúa esta tendencia, si permitimos que Google tenga un monopolio, entonces las bibliotecas como depósitos de libros, lugares que compran libros, que son dueños de libros, guardianes de los libros, dejarán de existir. Mirando hacia adelante, las bibliotecas quizá terminen siendo simplemente suscriptoras de las bases de datos de unas pocas empresas que tienen el monopolio de los libros”. La versión de biblioteca digital que Kahle está construyendo de manera colaborativa junto con otras personas es abierta y compartible, y no tiene ningún tipo de restricciones, a diferencia de lo que sucede con el acuerdo de Google. Kahle es cofundador de Open Book Alliance, la coalición que presentó una demanda contra el Acuerdo sobre Libros de Google, comparando a este acuerdo con los esquemas de fijación de precios del petróleo establecidos por los magnates de la industria del ferrocarril y la Standard Oil de John Rockefeller en la década de 1870.

Luego de que el Juez Denny Chin, quien preside el caso, lanzó la convocatoria para la presentación de comentarios públicos, comenzaron a llegar manifestaciones de oposición desde todas partes del mundo, de fuentes que van desde los gobiernos de Francia y Alemania hasta un sinnúmero de editores, autores y artistas como el cantante folk Arlo Guthrie y la autora Julia Wright, hija de Richard Wright, quien escribió los clásicos “Chico Negro” e “Hijo Nativo”. Marybeth Peters, directora de la Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos, denominó al Acuerdo propuesto por Google “una forma de evadir el proceso legislativo y las prerrogativas”. El Juez Chin propuso la realización de una “audiencia imparcial” el 7 de octubre para decidir sobre el Acuerdo sobre Libros de Google.

El 18 de septiembre, el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó un escrito de oposición. Dice en una parte: “la amplitud del Acuerdo Propuesto – especialmente los futuros arreglos comerciales que pretende crear – plantea preocupaciones jurídicas considerables….La posibilidad de disponer a nivel mundial de los derechos de millones de libros con derecho de autor es un tipo de cambio de política que debería implementarse mediante legislación, no mediante un acuerdo judicial privado”. El Juez Chin anunció un aplazamiento de la audiencia. Open Book Alliance, junto con otros grupos, aplaudió el aplazamiento y está solicitando un proceso abierto y transparente para lidiar con el futuro de la digitalización de los libros y el problema de los libros huérfanos de forma tal de que se beneficie al interés público.

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

NOSOTROS LOS IMBÉCILES

NOSOTROS LOS IMBÉCILES

Carlos A. Trevisi

Pocas cosas en esta vida me atribulan más que un imbécil. La imbecilidad puede remitirse al disfrute de fabricar casitas con cerillas o a proclamar las ventajas que encierra su construcción.  Esta última está animada por la íntima necesidad que siente el imbécil de que uno comparta sus estragos afectivos. Y si hay un ámbito en el que lo logra es en política. No es casual que los políticos se hagan con el poder con nuestra anuencia. Somos nosotros mismos los que, imbecilmente, dejamos en sus manos nuestros intereses.  

Y tan contentos.

Bush, adalid del cristianismo y del liberalismo no tiene ningún empacho en comprar periodistas para que le hagan propaganda en EE.UU. y en el exterior (en países amigos y enemigos, da igual); ordena a la CIA que mate terroristas en cualquier parte del mundo; decide que la guerra contra Irak es inevitable (pese a la entrega de 12.000 folios por parte de Sadam en los que éste explica que no tiene las armas a las que tanto teme Bush), y ni se le ocurre atacar a Corea del Norte que sí las tiene y  que pasa de él como el electorado argentino de  los radicales. Su liberalismo no le impide aumentar el déficit fiscal ni seguir adelante con el escudo antimisiles (que cuesta una fortuna incalculable y que Clinton cajoneó porque era totalmente inútil) cuando cualquiera sabe, como quedó demostrado con las Torres Gemelas, que el terrorismo entra a EE.UU. con pasaporte.
Blair, de izquierdas (si los hay), de profundísimo sentido religioso (nótese: “sentido” pero no “conciencia” religiosa: acaba de convertirse al catolicismo) y hombre de familia, adora a Bush y tiene 40.000 hombres de élite disponibles para atacar a Irak (a la voz de “aura”, allá vamos, Father Bush); se abraza con Berlusconi  (que merece un párrafo aparte: viene armando su propia justicia para no ir preso, lo que no lo inhibe,  en un arrebato de religiosidad hacer colgar crucifijos en cuanta pared se levanta  en Italia y presentarse en este año 2008 como candidato al gobierno de Italia y ¡¡¡ganar las elecciones!!!). –Ver Italia  en   EUROPA en 
Así, mientras los señores de la justicia, de la democracia y de la libertad, los que nos dicen qué hacer y nos obligan a todos sus cómos para ser igual a ellos,  millones de chicos mueren de hambre y de cuanta peste señorea por el mundo, y  el SIDA sigue asolando por doquier. 
En ese “mientras tanto” entramos nosotros que, en España, nos ensimismamos con los problemas del Barcelona Fútbol Club, nos preguntamos qué le habrá pasado a la gordita Rosa de Operación Triunfo, o cómo andan los golfos de Gran Hermano (donde, como no podía ser de otro modo, ya se han colado dos argentinos); y en Argentina, los “nosotros” que quedaron allá, alucinamos con la rentreé de Menem como senador.

Es que somos unos imbéciles; unos imbéciles  rampantes.

ACERCA DE LA ACTUAL COYUNTURA MUNDIAL

Carlos A. Trevisi

En ESTE MUNDO DE UNOS POCOS (2ª edición, 2004)

El mundo está llegando al punto en el que, categóricamente, se diferencian dos posturas: aquella de los que adhieren a las razones que esgrime EE.UU. para actuar como actúa, con todas sus consecuencias, y la de los que reniegan de tales razones porque entienden que a ese país no le asiste el derecho de imponerlas “urbi et orbe”, pues echan por tierra con el respeto que merece y exige el resto de la humanidad.

El pragmatismo de aquellos que admiten fatalmente la realidad los enrola con los impulsores de políticas en las que las relaciones internacionales se fundamentan en el poder (caso EE.UU. bajo la presidencia de Bush). Sentada la premisa y dadas las circunstancias, entienden y justifican que EE.UU. maneje el mundo actuando según necesidad: en algunos países aplicando la tiranía del poder económico (caso Argentina) y, en otros, la de las bombas (Yugoslavia, Afganistán, Irak (4), pág.211. En todos los casos el poder parte de la base de que el modelo es EE.UU. –desarrollado, rico, democrático y socialmente integrado- y que si el mundo actuara según las fórmulas de éxito que han llevado a ese país a ser lo que es (lo que deja implícito que la culpa de que les vaya mal es exclusivamente de aquellos que no acatan el modelo y por eso les va mal), la gran potencia americana no tendría porqué intervenir para corregir los desvíos que amenazan su integridad y la de una cantidad de países que participan de sus razones (Bush acaba de ratificar esta idea diciendo que EE.UU. llevará el bienestar a todo el mundo aplicando “su” modelo, como si por decreto se pudiera cambiar el jamón de Jabugo por el medallón de carne picada aplastada y, además, preferirlo). De hecho propugnan los principios del imperio: una cultura única, un pensamiento único, un mundo único idéntico a EE.UU.
Los Bush –genérico de todos los que han actuado a partir de estas premisas- están convencidos de que Europa está dormida y de que lleva un atraso intelectual enorme precisamente porque no termina de admitir que los que deciden en el mundo son los países que disponen de poder destructivo: Rusia, que estando en la miseria (“recién en quince años estaremos al nivel de Portugal” ha dicho Putin, desnudando las carencias que agobian a los rusos) participa del G7 –lo que lo transforma en G8-por la capacidad destructiva del arsenal de misiles que atesora, pero nunca por su riqueza y desarrollo.
Nos oponemos a esta postura los que creemos ver más allá de lo que se nos presenta. Los que centramos nuestro enfoque en el hombre; los que partimos de la base de que el mundo es a partir del hombre, sujeto y razón de ser de cualquier doctrina que lo sustente como depositario de virtudes cardinales a las que no sólo tiene derecho, sino a partir de las cuales se obliga para con los demás hombres. Un hombre en busca de la verdad, un hombre al que hay que brindarle todas las posibilidades para que crezca en la certeza de que es único en sí mismo pero desde los demás y en los demás. El periodista italiano Tiziano Terziani, a favor de esta postura, nos dice: “Más que una coalición contra el terrorismo, el mundo tiene necesidad de una coalición contra la pobreza, contra la explotación, contra la intolerancia”. Para pensar así es menester ser fiel a la cultura de la cual provenimos, pero imprescindible saber que la guerra de Afganistán tiene que ver con el incremento in cesante del cultivo de amapolas –de donde se obtiene el opio-  antes bien que con sus derechos a la libertad y a la democracia; que el poder no tiene reparos en aliarse con cualquier dictadorzuelo –caso Paquistán, Chile, Argentina; que utiliza asesinos como Ben Laden como agentes de la CIA; u organiza guerras a diestro y siniestro en respuesta a la exigencias que imponen los capitales destinados al armamentismo (5), pág.212 y a la explotación y apoderamiento del petróleo; o hace la vista gorda ante el desamparo de millones y millones de seres humanos que mueren infectados por el SIDA o de hambre en todo el mundo; o aplaude las inclemencias de Sharon...
El mundo es como es, pero nadie puede quitarnos de la cabeza que podría ser mejor. Y que para ser mejor habría que limitar el poder de aquellos que deciden más allá de los intereses de la humanidad.

Para que esto suceda es necesario participar, participar en el todo común.

LA DESPERSONALIZACIÓN DEL HOMBRE

Carlos A. Trevisi

¿Dónde radica el mal que altera nuestra convivencia y nos hace discurrir por las afueras, por la periferia de los verdaderos problemas?

Cultura (http://www.fundacionemiliamariatrevisi.com/cultura.htm) es todo lo que hace el hombre. Se es culto, entonces, en la medida en que se “hace”. Así, el hombre es a partir de sus actos. En este sentido, fijando metas y estableciendo procedimientos, recrea la cultura en la que está inmerso.

La cultura, sin embargo, para ser trascendente, exige de personas en actitud creadora, tipos armónicos que sepan que su “estar” en el mundo está íntimamente ligado a la verdad de ser únicos, de ser uno en si mismos aunque a partir de los demás. Se es culto en la medida en que se arborece en respuesta a los principios, se florece en la recreación de esos principios y se frutece en los demás, contagiando con fervor esa organicidad. Así, en el ámbito de la cultura no se juzgan niveles de conocimientos sino sabiduría de vida. Y la sabiduría de vida se logra en el esfuerzo por armonizar las actitudes volitivas, afectivas, intelectuales y de libertad.

La civilización, con todo que nace de la cultura, pervierte su organicidad, pues las exigencias propias del advenimiento de un complejo mayado socio-político-económico y tecnológico la impulsan a la fijación de metas alternativas de meras circunstancias, y a negociar los procedimientos.

La civilización altera el tiempo – lo acelera- y achica el espacio, impone lo efimeral. Todo lo contrario de la cultura, que en el disfrute pasmódico del tiempo se abre a la plenitud del amor, de la inteligencia y de la libertad; que autoriza el retorno desde el error, que hospitaliza al hombre y lo relanza al mundo en busca de mejores oportunidades.

La civilización somete la imaginación del hombre, le quita la libertad de hacer sus propios qués, cómos y cuándos. Esclavo de imaginerías ajenas, se aliena; pierde conciencia de sí mismo para hacerse con la conciencia del “mercado”, que desnaturaliza su existencia.


El hombre civilizado es el habitante de la “civitas”, el que ha sido educado para el “hic et nunc”, en la ajenidad de los principios, en la trastienda de la creación, en el erratismo de lo relativo, en el éxito.
En soledad, despersonalizado, sin más conciencia que la que le imponen las circunstancias. La crisis de la lectura es una crisis de la cultura, ni más ni menos, y las consecuencias están a la vista. Basta ver las fotografías de buses quemados, de automovilistas apedreados desde los puentes de las autopistas, de estudiantes encapuchados que tiran ácido a la cara de otros estudiantes. No creo que en sociedades medianamente ilustradas, lectoras, aficionadas a la música, organizadas en torno a principios humanistas puedan suceder estas cosas.[…] Nuestros héroes actuales son héroes de farándula, del forcejeo, de las pantallas. Si uno consigue unos minutos de fama, como decía alguien, tiene la sensación que ha conseguido algo. Se habla en os medios de loa nanita, de la Pirujita, de la Constancia y la Fragancia y me quedo colgado. Alguien intenta explicarme y le pido por favor que no lo haga. La ignorancia en estos casos pasa a ser una ventaja, una condición superior”. Jorge Edwards, Chileno. Extraído de  “Los nuevos integrismos”, “El País”, julio de 2007.

viernes, 8 de septiembre de 2017

RAJOY, UN DESASTRE SIN PALIATIVOS

 2017
        No lo hará Felipe VI, al menos públicamente, pero bien pudiera repetir hoy sobre Rajoy lo que su padre, el Rey emérito Juan Carlos I, manifestara en el New York Times sobre el presidente Carlos Arias Navarro en la tensa primavera de 1976: “un desastre sin paliativos”. Ayer, el conflicto político residía en la demanda democrática de la sociedad española, hoy en la reivindicación democrática de la sociedad catalana; aquella negada por Arias Navarro, ésta por Mariano Rajoy, con idéntica argumentación: las leyes no permitían, como tampoco lo permiten hoy, satisfacer estos objetivos populares. Apenas pocas semanas después, el nuevo presidente Adolfo Suárez encargaba a los ingenieros jurídicos estatales, encontrar el tenue hilo capaz de hilvanar el referéndum sobre la reforma política en el ovillo de los Principios Fundamentales del Movimiento de la dictadura del general Franco.
El fracaso del Gobierno Rajoy, que ha renunciado a la más mínima iniciativa política sobre Cataluña, agrava la crisis del Estado español hasta tal punto de amenazar con llevarse por delante las más altas instituciones estatales. La España de 2017 no es aquella de 1936, donde gobernaban en Alemania e Italia Hitler y Mussolini; ni siquiera es la que fue en un 1978 donde la guerra fría marcó los límites que la transición no podía rebasar. Rajoy no solo no ha buscado el diálogo con la Generalitat sino que, por el contrario, ha allanado el terreno para el choque entre la legalidad constitucional y la clara legitimidad democrática catalana. Los cuervos de la caverna madrileña, que amamantó hace una docena de años en su campaña contra el Estatut, le empujan hoy al precipicio de la involución.
La Fiel Infantería se ha instalado en la Moncloa. La Brigada Aranzadi, la Brunete Mediática y la Policía Patriótica, tienen ya las manos libres para actuar sin cortapisas contra los separatistas, el 80% de la sociedad catalana que sólo pide votar, y la roja AntiEspaña, ahora morada, cómplice del separatismo. Leguleyos adiestrados por la banda de Trillo, tertulianos coordinados por Soraya y la Brigada Político Social de Zoido, se lanzan al ataque con la vana esperanza de liquidar el conflicto territorial de Cataluña el I de octubre. Como decía Aznar ya en el 2001, en una revista ideológica del grupo Vocento, es hora de recuperar “todo lo que se cedió en 1978 a los nacionalistas e izquierda”. La grave crisis catalana es su oportunidad para que la transición termine siendo un viaje de ida y vuelta a los tiempos preconstitucionales de Arias Navarro. 
Quien vea mesura y proporcionalidad en la respuesta de Rajoy, como Pedro Sánchez, debiera hacérselo mirar por el oculista. La reacción de la Moncloa a su sensata propuesta de crear una comisión de estudio constitucional, en la que participaran todas las partes en conflicto, es de las manifiestamente mejorables y acabará siendo absolutamente reprobable. No en vano el PP cuenta con la muy inestimable ayuda del grupo parlamentario de Susana Díaz, alrededor de una cuarta parte de los que hoy se sientan en los escaños del PSOE, para tener atado y bien atado a Ferraz. Nada más útil para la Moncloa que azuzar la demagogia anticatalanista en Andalucía para evitar que las clases sociales ricas paguen al menos lo que pagan los territorios más ricos como Baleares, Valencia, Madrid o Cataluña.
Como era previsible, tal y como analizábamos el pasado lunes 4 de setiembre, a Rajoy le entra por un oído y le sale por el otro el grito angustioso de la derecha catalana que demanda un nuevo Tarradellas. Ayer jueves 7 La Vanguardia volvía a insistirle que encauce el conflicto de Cataluña con el Estado. Contando con el apoyo del sector oligárquico del PNV, comprado a un precio de oro que niega a los catalanes, pasa olímpicamente de este minoritario sector catalán. Si Miguel Roca, en su calidad de redactor de la Constitución de 1978, pudo renunciar a una versión catalana del Concierto vasco, según cuenta Xavier Arzalluz, carece de sentido que pida ahora lo que rechazó entonces. Hasta que no termine la batalla judicial contra el derecho a decidir se mantendrá cerrada la ventanilla polaca de la Moncloa.
Pero cuando se vuelva a abrir, Rajoy no estará en la Moncloa. Será imposible rehacer la relación de Cataluña con España si sigue como presidente de Gobierno. Tanto si pierde como si vence en su lucha a muerte contra el derecho a decidir de los catalanes. En ambos desenlaces, en los que se juega su vida política, va a morir matando. Es un muerto político que todavía no lo sabe. Convendría ya ir recuperando una vieja costumbre funeral de los judíos según la cual, cuando un cadáver era conducido al cementerio, sus correligionarios de la sinagoga tenían que gritarle al oído: ¡Fulano, Fulano, entérate de que estás muerto! No tardarán los que mandan tras las bambalinas, inquietos por la irresponsabilidad de la Moncloa, en gritarle al oído ¡Rajoy, Rajoy, entérate de que estás muerto!

jueves, 7 de septiembre de 2017

ESPAÑA Y LA EDUCACIÓN

ESPAÑA Y LA EDUCACIÓN
España es el quinto país de la UE que menos dinero invierte en Educación
En 2015, España destinó 43.780 millones de euros, un 4,1% del PIB, a Educación, sólo por delante de Rumanía, Irlanda, Bulgaria e Italia, según Eurostat.
• Ninguna universidad española figura entre las 200 mejores del mundo
BRUSELAS
28/08/2017 12:08 Actualizado: 28/08/2017 12:08
EUROPA PRESS

España destinó en 2015 un total de 43.780 millones de euros a educación, lo que equivale a un 4,1% del PIB de este año y es el quinto porcentaje más bajo de toda la Unión Europea, según los datos publicados este lunes por Eurostat.

Los únicos países del bloque comunitario que destinaron menos parte de su PIB a educación que España fueron Rumanía (3,1%), Irlanda (3,7%), Bulgaria e Italia (ambos un 4%). Levemente por encima de España se situaron Alemania y Eslovaquia (4,2%) y Grecia (4,3%).
Por el contrario, los socios europeos que destinaron un mayor porcentaje de su PIB a educación fueron Dinamarca (7%), Suecia (6,5%), Bélgica (6,4%), Finlandia (6,2%), Estonia (6,1%) Letonia y Portugal (6%).
En total, los Estados miembros dedicaron 716.000 millones de euros en 2015 a educación, lo que supone un 4,9% del PIB comunitario. Esta partida fue la cuarta más importante de la UE hace dos años, por detrás de la protección social (19,2%), la salud (7,2%) y los servicios públicos generales, como asuntos exteriores y transacciones de deuda pública (6,2%).
En cuanto al gasto en educación por habitante, encabezan la clasificación Luxemburgo (4.685 euros), Dinamarca (3.368 euros ) y Suecia (2.977 euros). Sin embargo, Rumanía (248 euros), Bulgaria (250 euros) y Croacia (494 euros) registraron los menores niveles de gasto en educación por habitante. La media de la UE fue de 1.405 euros por habitante.

EL TALENTO HA MUERTO ¡VIVA EL TALENTO!

No hay marcha atrás. Liderazgo, innovación, compromiso, desarrollo, valores, etc. merecen morir porque ya no son palabras, porque ya no son lo que son.

PELLO YABEN SOLCHAGA



LA BOCA DEL LOGO

4 DE SEPTIEMBRE DE 2017

No hay marcha atrás. Liderazgo, innovación, compromiso, desarrollo, valores, etc. merecen morir porque ya no son palabras, porque ya no son lo que son
PELLO YABEN SOLCHAGA


LA BOCA DEL LOGO

4 DE SEPTIEMBRE DE 2017

Es hora de enfrentarse al talento sin otras armas que las de matar. Ya no valen las palabras, ni las protestas, ni las movilizaciones. Es hora ya de acribillarlo a bocajarro y sin metáforas. Es urgente asesinarlo a sangre fría, sin miramientos. Llegó la hora de matar el talento sin piedad.
Llevo años planificando la matanza, años imaginando la manera de ponerlo contra la pared y vaciar sobre su significado todo el cargador. Balas que llevan inscrito el nombre de millones de personas que sucumbieron a su encanto y luego quedaron solas en esa soledad que sólo conocen quienes han sido despojados de toda esperanza. Quiero ver el talento abatido en el suelo, acribillado a balazos, sangrando por la boca y expulsando de su cuerpo ese mísero hedor a lenguaje empresarial.
Nunca tienen culpa las palabras, sino quienes las usan. Faltaría más. Pero, en las empresas, las palabras ya no son palabras. Son otra cosa: hechizos, abracadabras, conjuros, encantamientos. Así que, a estas alturas, no viene a cuento salvarlas, y no queda otra que ejecutarlas para que dejen de provocar tantas desilusiones profesionales, tanto dolor íntimo y tanta confusión generalizada.

EN LAS EMPRESAS, LAS PALABRAS YA NO SON PALABRAS. SON OTRA COSA: HECHIZOS, ABRACADABRAS, CONJUROS, ENCANTAMIENTOS. ASÍ QUE, A ESTAS ALTURAS, NO VIENE A CUENTO SALVARLAS

El talento es una de esas palabras que han perdido el sentido. Es una loca más en el pabellón de las palabras dementes. Debería desaparecer de las empresas, esos lugares donde las palabras se ven abocadas a decir lo que ellas, las empresas, quieren que digan, donde todo cobra sentido al albur de los negocios, donde toda palabra debe de traer un resultado económico o se verá expulsada sin miramientos del diccionario empresarial.
No hablo aquí del lugar que ocupa el talento en el deporte como destreza técnica, ni en la ciencia como erudición. Hablo del elefante en la cacharrería, es decir, del talento en las empresas. Hasta hace muy poco, una persona con talento era necesariamente un riesgo potencial para una empresa, pues su naturaleza, insobornable por definición, o su compromiso ético, suponían una seria amenaza a cualquier manipulación donde intermediase el parné. Del mismo modo que el talento ético pasó de ser un pleonasmo a un oxímoron, el talento empresarial ha realizado el camino inverso, pasando de ser un oxímoron a un pleonasmo en una maniobra orquestada en las empresas de consultoría estratégica norteamericanas que reinventaron su significado en favor de sus fines y domesticaron así el ímpetu de la palabreja, amansando su destreza y vinculando su destino a ROI, ROIC, EBITDA, PROFIT y otros forajidos de los mercados, consiguiendo finalmente que hasta los más miserables talleres de cualquier polígono industrial olvidado en los arrabales de España compraran la milonga con el entusiasmo de quien se ve apretado por los préstamos y el número y, de pronto, aparece un consultor amigo de un amigo vendiendo management, talent, leadership, culture, values, high potential y otros anglicismos con el beneplácito y la complicidad de la RAE, vendiendo gato por liebre, talento por valía, liderazgo por mando, cultura por adocenamiento y valores por doblez a modo de materiales de repuesto de última (de)generación.

No fueron las palabras las que comenzaron ni esta guerra ni ninguna otra, pues no es posible que lo que se compone de letras elabore por sí solo goma 2. Pero las empresas las han convertido en armamento pesado con el que eliminar al enemigo, que no es otro que la libertad individual o, peor aún, la sociedad ilustrada. ¿Hay acaso mayor despropósito para la sociedad que despojarla de las palabras que quizá, sólo quizá, pudieran salvarla de un devenir inquietante? ¿No debería ser delito arrebatar a las personas el lenguaje que las pudiera llevar hacia un futuro mejor o, al menos, a seguir reflexionando con la neutralidad semántica que cualquier reflexión requiere? ¿De qué, y cómo, podemos pensar, hablar y debatir si las palabras que utilizamos ya no son lo que eran? ¿Qué palabras usar si las que usamos ya dejaron hace tiempo de ser palabras para convertirse en la materia prima de la cadena de producción de espejismos? ¿Nadie responde ante la ley por el delito de dejar que las empresas se apropien de las palabras para después abusar de ellas, maltratarlas, denigrarlas, explotarlas para finalmente exponerlas como carnaza en sus discursos, panegíricos y declaraciones públicas? ¿Alguien va a denunciar a las empresas por el expolio semántico? ¿Cómo repensar el mundo si las palabras que necesitamos han perdido su esplendor y son sólo ya rehenes complacientes de los negocios? ¿No es un crimen el abandono de las palabras en la boca equivocada, es decir, en la boca que sólo tiene hambre de poder? ¿Qué hacemos ahora que las palabras ya no son palabras?

Ya sé que el talento no sabe, que el talento es sólo una palabra. También lo son liderazgo, cultura, valores, innovación, compromiso, desarrollo, éxito… Son inocentes las palabras hasta que no lo son. Y dejan de serlo cuando su sentido nos arrebata el nuestro, y dejan así de ser o inocentes o palabras o ambas cosas a la vez.
Las palabras que dejan de ser palabras son sólo componentes de un encantamiento; en este caso, el de los negocios. Es cierto también que nada las mata mejor que su inutilidad y desuso, pero conviene ser optimistas y pensar que quizá, sólo quizá, pegándoles un tiro podamos liquidar algunas de ellas en el momento de su máximo apogeo. ¡Que se chinchen, ahora que se sienten intocables!
Talento apesta. Está en todos los sitios y de todas las maneras posibles. Millones de posiciones han incorporado el talento como función o responsabilidad; miles de puestos llevan la palabra en su nombre; áreas enteras se dedican al talento en sus tres modalidades del todo vale: adquisición, atribución y detección; hay unidades de negocio internacionales abocadas al talento; proliferan empresas dedicadas en exclusividad a su búsqueda o desarrollo; están en las declaraciones estratégicas de las multinacionales, y en las frases lapidarias de los Amancio Ortegas del califato digital de los negocios. Y peor aún: está en todas las conversaciones sociales, políticas, familiares, profesionales e íntimas. Cada individuo cree poseer talento, y lo expone al mundo sin rubor como si ese pedacito de virtud fuera un salvoconducto para encumbrar la autobiografía. De este modo, la ubicuidad del talento pudiera hacernos creer que es fácil eliminarla disparando al alimón. Pero no. Talento es rápido como rayo de Luna, que diría el indio Cara Cortada, y lo mismo está que no está. Lo mismo parece estar en todos los sitios y en todas las personas, que de pronto nada de nada, ni en un dónde ni en un quién.
La reivindicación del propio talento nos ha llevado a desfigurar nuestro lugar en la sociedad y nos ha lanzado a una carrera de todos contra todos que demuestra sin ambages que todos los participantes cuentan con todo menos con talento, puesto que no se requiere más que una pizca de talento para renunciar a esa carrera.
LA REIVINDICACIÓN DEL PROPIO TALENTO NOS HA LLEVADO A DESFIGURAR NUESTRO LUGAR EN LA SOCIEDAD Y NOS HA LANZADO A UNA CARRERA DE TODOS CONTRA TODOS
Las empresas necesitan personas valiosas para sus objetivos, personas que desplieguen el comportamiento requerido para alcanzar el resultado. Nada más. Eso no es talento, sino valía. Pero si al basurero le llamamos corredor de Bolsa, y al jefe de electricistas le llamamos team leader de los chispas, no pasa nada si a cualquier empleado obediente y resolutivo le decimos que rezuma talento por todos los poros de su piel (blanca, mayoritariamente).
Los dos verbos con los que accionamos el talento reflejan la estupidez de este asunto: atribuir y detectar. El juego al que te somete esta disyuntiva es cuando menos divertido: te pueden atribuir talento sin tenerlo; o puedes tenerlo aunque nadie, ni tú, lo detecte; hay quien además de tener talento, se lo conceden y los hay que ni una cosa ni la otra o las dos a la vez.
Como se ve, atribuir talento significa otorgar algo a una persona. Por el contrario, detectar talento significa que éste se encuentra en el interior, como un diamante, pero no se sabe en el interior de quién, lo que obliga a explorar. En el primer verbo, el talento se concede como un título; y en el segundo, se descubre como un diamante. En el primero el talento es creado, y en el segundo es descubierto. En el primero, la dirección del juego va de fuera adentro; sin embargo, en el segundo cambia la dirección del juego, yendo de dentro afuera. Así, en el primero, el símil del talento es la comida; y en el segundo, de dentro afuera, el símil del talento es el pedo. En el primero, el talento entra en tu vida; y en el segundo, tu talento ve la luz.
Lo mismo que le ocurre a talento en las organizaciones le ocurre a cualquier otra palabra al tocar suelo empresarial: dejan de ser lo que eran. Y visto que siempre es así, ¿No es ya hora de prohibir el terrorismo verbal en las empresas? ¿Debiera ser delito la verborrea? ¿Es necesario solicitar autorización para matar a líder, liderazgo, liderar y a toda su parentela? ¿Podemos obligar, por una cuestión de salud pública, a que las frases rimbombantes se autodestruyan después de tres mil visualizaciones en la red? ¿Cómo es que nadie se ha propuesto seriamente volar por los aires las palabras que abarrotan las empresas? ¿Cuántos años te caen por poner un bombazo en el corazón de un discurso empresarial? ¿Es delito secuestrar palabras? ¿No es hora ya de secuestrar la palabra Liderazgo y pedir un cuantioso rescate por su liberación, a sabiendas de que la sociedad no sabe ya vivir sin la dichosa palabrita? Y una vez pagado el rescate, ¿culminamos la acción con el tiro de gracia? El tiro de gracia y la gracia del tiro son expresiones que se acoplan perfectamente en este suceso redentor. O quizá mejor, ¿no es hora ya de liberar a todas las palabras del maltrato al que son sometidas en las organizaciones? Me temo que es demasiado tarde.

No hay marcha atrás. Talento, liderazgo, innovación, compromiso, desarrollo, valores, etc. merecen morir porque ya no son palabras, porque ya no son lo que son. El talento no es talento, ni la innovación, innovación; y qué decir de liderazgo, o compromiso, o valores, o desarrollo. La libertad individual merma cuando creemos que las palabras que utilizamos son palabras. Y la sociedad languidece cuando se comunica con palabras que ya no son palabras. Hemos sucumbido al hechizo de los negocios, que van disponiendo de definiciones más rentables para conceptos como vida, inteligencia, sueño, bondad o amor. Los sueños que nos mantienen vivos están impregnados de palabras que ya no son palabras. Cuando piensas y hablas con palabras que ya no son palabras, dejas de hablar aunque sigas hablando, y dejas de pensar aunque sigas pensando.