domingo, 12 de marzo de 2017

¡VAMOS A LA MANIFESTACIÓN!

¡Vamos a la manifestación!
Por Carlos A. Trevisi


El poder, que antaño era político y autorizaba la gestión de la gente, ahora es económico y se autogestiona.
El poder político se manejaba a través de instituciones que se integraban en un mallado en el que se resolvían necesidades y conflictos de la gente.
El poder económico, que no contempla sino secundariamente las necesidades y conflictos de la gente,  se maneja a partir de una red  en cuyos puntos de encuentro siguen existiendo las instituciones, pero ya vacías de contenido: las ha reemplazado por el “mercado”.
Es  de destacar, sin embargo, que el mercado sigue usando las instituciones. Cuando no le sirven, arrasa con ellas: en el orden internacional la ilegalidad de la guerra de Irak ha sido paradigmática y en el orden nacional, los partidos políticos que se consustancian con el neoliberalismo –el P.P. en España- no tienen reparos en promover  acciones que no sólo violan el espíritu de legitimidad de aquello que agravian sino también las decisiones que se adoptan mayoritariamente, por ejemplo en el Congreso de los Diputados.
Así, se montan  escenificaciones como las que estamos viviendo estos días.
La primera:  Un millón de personas que reclama que no se dialogue con ETA porque a los asesinos debe perseguírselos con la policía y la justicia. Eso es precisamente lo que está haciendo el gobierno. Agrega a eso que está dispuesto a dialogar si deponen las armas. ¿Qué está reclamando el PP?
La segunda: Los archivos de Salamanca. Debo ser yo un hombre de otra galaxia, pero que yo sepa los archivos se mantienen por razones historiográficas y no por afán coleccionista. Estén donde estuvieren los originales –que por otra parte están en Salamanca porque el franquismo los trasladó desde Cataluña- su unidad no se da porque las partes originales deban estar todas en el mismo lugar, sino porque hay una red informática que los une en cada ordenador del mundo, no sólo de España, que quiera consultarlos.
La tercera: Las uniones matrimoniales de gays y lesbianas; como no se atreven a decir que les parece un horror que exista la homosexualidad (por eso la tildan de “contra natura”), entonces apuntan a la semántica: no debe de llamarse “matrimonio” y agregan, “si se llamara de otro modo…”
Por supuesto que detrás, delante y al costado de todo esto están los “impolutos” católicos que no tienen hijos gays ni hijas lesbianas (y si los tienen los esconden), que se casan como “Dios manda” (pero tienen amantes –varones y mujeres-  como “cualquier  hereje”); que aman a sus hijos (pero también los abandonan, llegado el caso, como cualquier mamífero),  que son honestísimos (pero roban todo lo que pueden), que aman al prójimo (pero son implacables con los inmigrantes), que…
Se podrá discutir esto una y mil veces, pero lo que es un hecho indiscutible es que las derechas no admiten que el poder real que efectivamente ejercen se desvincule del poder político; tienen que ir juntos, de la mano. Cómo será que han salido a la calle como cualquier desgraciado que pide aumento de sueldo.

(Junio de 2005)


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