domingo, 12 de marzo de 2017

TODAVÍA HAY MAGISTRADOS QUE PIENSAN

Acerca de la autoridad de la justicia en Argentina

Por Carlos A. Trevisi

 



Monte Grande, 29 de enero de 1995

Sra. Prosecretaría de Cámara de la
Justicia Municipal de Faltas de la
Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.
Dra. Dolores Trelles Domínguez

De mi consideración

Me dirijo a Ud. en respuesta a una Cédula Judicial que me ha sido enviada y de la que me notifiqué en forma (citación 500.273.758 / 1 emitida el 18 de enero del corriente año)
Respecto de la misma y en virtud de una inclaudicable necesidad de ejercer mis derechos, me permito, con todo respeto y un profundo deseo de que así se interprete la presente, poner en su conocimiento lo que oportunamente no pudo exponerse por ante " yo no hago la ley, me ponen para que se cumpla, ni tengo nada que interpretar, hoy es jueves y el 7 (las patentes terminadas en 7) no entra a la Capital".
Como es notorio no vivo en la Capital Federal; mi concurrencia a "Buenos Aires" es errática y circunstancial, como expliqué al agente "del orden". Toda mi actividad se desarrolla en Monte Grande y mis contactos con la Capital  son telefónicos, vía Fax o Módem. El 11 de noviembre de 1994, fecha en que se registra la infracción, una urgente necesidad me sacó de  Monte Grande a último momento -véase la hora: 18 y 50 - y, si bien era conocedor de la norma que impedía el acceso de mi automóvil a la ciudad, su vigencia  y circunstancias me eran tan ajenas como lo son la necesidad de cambio para viajar en colectivo o utilizar un cajero automático: no forman parte de mi cotidianeidad. La emergencia en la que estaba envuelto y la irrenunciable vocación argentina del policía (" yo no hago... me ponen ...") le ha permitido a Ud. hacerse de mí en términos que rechazo - y reitero lo del respeto- por todo lo que paso a exponer.
Consideraciones generales
Una norma que no satisfizo las expectativas que se centraron en ella (apenas un 10% menos de vehículos circulando) y no se volvió a instrumentar,  ha desencadenado  sinrazones  reñidas con la realidad : llevar a juicio a quienes no cumplieron con ella, aún después de haber sido abolida por haber quedado demostrado que no sirvió para nada. Si no la lógica, para la cual no nacimos, por lo menos la imaginación, que sí es innata, nos diría que, tratándose de una disposición normativa de naturaleza amoral, cuyo incumplimiento no conlleva delito, quienes hubieran incurrido en falta , podrían quedar "exentos de la autoridad de los magistrados" (por no decir indultados, que traería reminiscencias que harían mucho más categórica mi defensa pero que prefiero no traer a colación para no perturbar aún más una relación que entiendo, a esta altura y con los millones de citaciones que tiene Ud. entre manos, ya la debe haber agobiado).
El tiempo transcurrido desde la infracción  no sólo esteriliza cualquier afán correctivo -el castigo, de tener que existir, y a sus efectos, tiene que ser inmediato- sino que precariza la autoridad del que lo ejerce, como de hecho ha sucedido: bastaron tres meses  para que la norma de tránsito cuya infracción se me imputa, perdiera vigencia y yo afianzara la idea de que, en efecto, junto con la norma se hubiera dejado de lado el castigo. La  vocación burocrática atemporal del estado para que todo termine como "corresponde", aún prescindiendo de su única razón de ser que somos los ciudadanos, va mucho más allá de la lógica: corre el riesgo de que junto con la norma "pierda vigencia" el causante, cosa que, gracias a Dios, en este caso, no se ha dado.
Consideraciones particulares.
La dudosa capacidad del agente de policía para interpretar la norma y el poder que le asiste para ejecutarla -cabe destacar la actuación que le cupo a la Policía Federal hace apenas unos días cuando "por error" dispuso hacer cumplir la circulación de colectivos por carriles "ad hoc" en la Avda. Callao sin que nadie lo ordenara (¿quién habrá actuado  en defensa de los cientos de infelices atropellados por el error? ¿Habrá acaso el Jefe de la Policía Federal recibido un cédula por la "infracción" cometida?) - me han puesto en términos de EMPLAZAMIENTO, PENDIENTE DE JUZGAMIENTO, COMPARECIENTE, SOSPECHOSO DE INCOMPARENCIA y para que no queden dudas, se me amenaza con CIRCUNSTANCIAS AGRAVANTES. En pocas palabras, se me ha transformado en un vulgar infeliz al que los poderes del estado comienzan a tratar como un potencial delincuente: venga para acá -ahora- , vaya para allá -más tarde- y ojito con no venir -o no ir, que es lo mismo- porque si no viene o no va...
La INCAPACIDAD PROFESIONAL DE LA POLICÍA,  que enfervoriza su CAPACIDAD DE MANEJO DE LA CIUDADANÍA en detrimento de un MANEJARSE CON LA CIUDADANÍA; la incapacidad por falta de recursos -aún humanos- de las instancias como las que ahora me atañen QUE NO PUEDEN CON EL CAOS RELACIONAL que anida en nuestra sociedad y terminan  SALOMONIZANDO los procedimientos   en beneficio de UN ORDEN FASCISTA; la caducidad de la infraestructura vial, un corrupto manejo de la "res publica" - de lo cual la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires ha sido ejemplo- y una sociedad que aprendió a vivir sin solidaridad ni respeto, me enfrentan a usted en una actitud irreconciliable con su interés porque me apersone por ante ese tribunal para dirimir la cuestión que me atañe. Y lo lamento, porque según iba escribiendo estas líneas la imaginé harta pero también sonriendo en alguno de sus pasajes.
Reitero mi respeto.
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NB. Nunca más se me cursó una  nueva citación. Como se ve PIENSAN, REFLEXIONAN Y SON CAPACES DE VER MÁS ALLÁ DE LA LEY.

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