sábado, 4 de marzo de 2017

MACHOS FUERTES; HEMBRAS DÉBILES

  La Fundación Mujeres y el Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla ha realizado el I Informe anual sobre los datos de menores huérfanos y la desprotección por parte del Estado

Alrededor de cuarenta niños pierden cada año a su madre como consecuencia de la violencia machista, lo que supone desde 2004 más de 500 huérfanos que sufren además el "doble estigma" de haber quedado abandonados a su suerte por parte de los poderes públicos.
Es lo que denuncian la Fundación Mujeres y el Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla en el I Informe anual que elaboran sobre "la realidad oculta" de los menores huérfanos de la violencia de género que han presentado este viernes y que llevarán el próximo lunes al Congreso.
Desde 2013, año en que pasaron a formar parte de las estadísticas oficiales, 250 personas han sufrido la pérdida violenta de su madre por parte de su pareja o expareja hasta el pasado 22 de febrero, de las que 166 eran niños.
A los que habría que sumar otros dos más como consecuencia de los últimos episodios de asesinatos machistas confirmados desde esa fecha, posteriores a la elaboración del informe.
Todo ello se traduce en una media de 40 huérfanos al año, cantidad que si se extrapola hasta el 2004, año en que se aprobó la ley integral contra la violencia machista, el total de menores huérfanos se sitúa en torno a los 500, ha destacado la presidenta de la Fundación Mujeres, Marisa Soleto.
A la falta de datos oficiales, se suma el "estigma" que padecen estos niños: la mayoría siente el "impulso de desaparecer", por lo que "nunca se sabe qué ocurre con ellos".
Tras el asesinato de su madre, con quien vivía la mayoría, es la familia materna la que suele asumir la responsabilidad de mantenerlos y a veces lo hacen los servicios sociales; sin embargo, es especialmente "preocupante" cuando se encargan los allegados del padre porque, además de ser "mucho más difíciles de localizar", en ocasiones siguen manteniendo contacto con su progenitor.
"Hablamos de sentimientos: ¿Cómo no va a querer el abuelo que el nieto vea a su hijo?", se ha preguntado Joaquín Tagar, miembro del Comité se selección del Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla, entidad que a lo largo de 2016 ha logrado conceder seis de estas ayudas a tres familias por un importe total de 7.535 euros.
Cuando pusieron en marcha este proyecto hace un año esperaban una "avalancha" de solicitudes, pero la realidad es, ha dicho Tagar, que solo recibieron diez, y las denegadas fueron consecuencia de la inexistencia de una resolución judicial que determinara quién era el tutor del menor.
Se trata de becas dirigidas fundamentalmente a la educación de estos menores, que suelen presentar un rendimiento más bajo que el resto, por lo que con ellas se sufragan actividades extraescolares y de refuerzo.
También para hacer frente a las tasas académicas y universitarias, puesto que en los casos en que los familiares son mayores, "tienen un miedo enorme a no poder afrontarlas".
A la falta de líneas específicas de atención y apoyo a los huérfanos y la inestabilidad y escasez de ingresos de sus familias, que propician el abandono temprano de sus estudios, se suma el tiempo que tardan en resolverse los casos y en dictarse sentencia, lo que "opera en contra de la estabilidad de los menores".
Para aliviar esta situación, ambas organizaciones proponen, entre otras medidas, que se incluya de manera urgente la reparación del daño a la víctima en el futuro pacto de Estado contra la Violencia Machista, que pasa por acelerar los procesos de afiliación de estos menores y la creación de un protocolo en las escuelas para que "sepan qué hacer con el hijo de un asesino".
Asimismo, han planteado deducciones por cuidado de menores a cargo del IRPF aunque, de momento, critican que la colaboración que han recibido del Ministerio de Hacienda "es más bien poca".

 Comentario de Carlos A. Trevisi

 No he leído en ningún medio que se aluda a las causas que provocan tamaños desórdenes afectivos. Como suele suceder, se actúa  sobre las consecuencias omitiéndose aquéllas. Respecto de lo que nos atañe habría que abordar el desequilibrio emocional que provoca el desempleo en la gente. La violencia se ha hecho carne no solo en la familia sino en otros varios aspectos de la vida donde las multitudes han perdido –acaso nunca lo hayan tenido- el control de sus actos, como sucede en el fútbol. ¿Sea esto porque hemos perdido conciencia de lo que es “el otro”, de un mundo comunitario? He participado activamente en política. Lo sigo haciendo, como siempre en la calle, hablando con la gente; mis experiencias son atroces. El desconcierto afectivo que nos impide la puesta en común, unido a la ignorancia, a una educación caduca y al desparpajo de los partidos políticos que mienten a mansalva–especialmente el PP y su presidente Rajoy, máximo responsable de la conducción del país-  en más de una ocasión me ha dejado perplejo: un ciudadano (de los que votan), en una charla que sostuvimos en un bar del pueblo me manifestó textualmente “yo me cago en la cultura”; una mujer en el ambulatorio  se sentó sobre una de esas mesillas que están en línea en una fila de asientos donde los pacientes aguardan ser llamados para la consulta. Ante el riesgo de que se viniera abajo por la poca resistencia que ofrecía el precario asiento le advertía que podría venirse abajo; su respuesta fue: “yo pago la Seguridad Social y me siento donde me da la gana; si se rompe que pongan otra”. Ni siquiera se dio cuenta de que lo que menos me preocupaba era la mesilla.
Lo terrible de todo esto es que  en lo individual la gente es cordial y está siempre dispuesta a prestar apoyo a los que manifiestamente lo necesitan.
El tema podría  resumirse en que hay algo –llámelo como quiera- que nos impide actuar mancomunadamente. Eso es lo que hay que resolver.
Mal podríamos lograrlo si seguimos los caminos que se abren en direcciones opuestas. Me refiero con esto a la RAE -Real Academia Española- en cuyo diccionario se sigue haciendo referencia a las mujeres como si fueran de segunda categoría: son EL SEXO DÉBIL, mientras que los hombres son el SEXO FUERTE, (pag.1874, Vigésima Primera Edición, Tomo II, Madrid, 1992)

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